26 de septiembre de 2011

La sorpresa hoy se hace costumbre

“El fútbol es un deporte en el que juegan once contra once y siempre ganan los alemanes”. Esta famosa frase la dijo una vez Gary Lineker un ex futbolista inglés de los años 80', que fue considerado uno de los mejores centros  delanteros del mundo de su época. Sin embargo, la primara Copa Mundial recién la obtuvieron en Suiza en 1954. 

El primer mundial en Europa, después de la Segunda Guerra Mundial, tuvo a Suiza como país organizador elegido por la FIFA por no sufrir los efectos económicos de la posguerra. El torneo mostró la inserción de Alemania Federal en la elite del fútbol mundial que ni siquiera había sido considerada como cabeza de serie. Los finalistas eran la cara opuesta, mientras que Alemania llegaba con más fuerza que fútbol, Hungría accedía luego apabullar rivales lo que lo hacía candidato al título.
Llovió aquel 4 de julio sobre el Wankdorf Stadion de Berna. Ambos equipos ya se habían enfrentado y si bien Alemania no había presentado a todos sus titulares, el 8 a 3 de Puskas y compañía no admitía concesiones. Con más de cuatro años invictos, Hungría era claramente favorita.
Antes de los primeros veinte minutos los húngaros ganaban 2 a 0 y todo indicaba que el resto del partido sería un trámite para los fabulosos hombres de rojo. La pesadez del campo averió el juego magiar y los alemanes, preparados al máximo de sus posibilidades físicas y enarbolando el estandarte de la tenacidad y la convicción, supieron aprovecharlo consiguiendo el empate antes de la finalización de la primera etapa. La segunda parte fue todo de Hungría con toques, fútbol, tiros en los palos, salvadas sobre la línea de defensores rivales pero, a minutos del final, Alemania alcanzaba la victoria y comenzaba a escribir su historia rica de títulos, campeón para sorpresa de todos los ojos del mundo que, a través de la TV, comenzaban a convertir al fútbol en el más popular de los deportes.

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